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Mostrando las entradas etiquetadas como Prosa

La arrogancia de jugar a ser un dios

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  ¿Alguna vez has jugado a ser dios? Es un juego realmente emocionante. Bajo un falso altruismo, aparecemos para ayudar a otros y movemos los hilos. Consejos, dirección, cámara y acción… hay alguien bailando al son de nuestra música. Siempre he pensado que soy una persona bastante arrogante, porque he jugado demasiado al juego del dios. Dios en la vida de aquellas ovejas perdidas que necesitan de mi mano para encontrar su camino; dios sirviendo de intermediaria para que las cosas se concreten, para que las personas se entiendan, para que el desamparado encuentre algún lugar al que llegar. He jugado a ser dios tantas veces, enseñando y sacrificándome para que quien digo amar, logre todo lo que desea. ¿Y yo? Yo me lleno con ello. Me lleno de sus emociones, me lleno de su agradecimiento, me lleno de su devoción, me jacto con su adulación y me emociono de pensar en su gran deuda. Por supuesto, dios no pide pagos; por lo tanto, la deuda será la gratitud eterna y eso significará que ...

Revivir a los muertos: el dolor de un duelo que no quiero vivir

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Me pidieron que la reviva y la verdad es que me cuesta hacerlo; me parece que los muertos deben descansar en paz. Si los muertos debieran ser revividos, las personas no los enterrarían, no abrirían un hueco tan profundo y los meterían en una caja cerrada para evitar que salgan en caso de que decidan regresar. Además, ¿qué hay de ella? Dudo que ella quisiera regresar porque, si eso sucede, tendría que morir otra vez. Sí, es una perversión total: quieren que la reviva solo para matarla de nuevo. ¿Con qué fin? ¿Con qué finalidad debo traerla a la vida para sentir su muerte? A veces es mejor no sentir nada, quedarse navegando en lo profundo del abismo sin siquiera notarlo, sin siquiera inmutarse, sin sentir todo lo que implicar pasar por la vida. ¿Por qué debo vivir un duelo que mi cerebro decidió no vivir? Decirle adiós a la única persona que estuvo a mi lado sin importarle nada más que la maravilla tan simple de mi mera existencia. Por supuesto, no es como que la lleve conmigo, no. Está ...