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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor

La arrogancia de jugar a ser un dios

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  ¿Alguna vez has jugado a ser dios? Es un juego realmente emocionante. Bajo un falso altruismo, aparecemos para ayudar a otros y movemos los hilos. Consejos, dirección, cámara y acción… hay alguien bailando al son de nuestra música. Siempre he pensado que soy una persona bastante arrogante, porque he jugado demasiado al juego del dios. Dios en la vida de aquellas ovejas perdidas que necesitan de mi mano para encontrar su camino; dios sirviendo de intermediaria para que las cosas se concreten, para que las personas se entiendan, para que el desamparado encuentre algún lugar al que llegar. He jugado a ser dios tantas veces, enseñando y sacrificándome para que quien digo amar, logre todo lo que desea. ¿Y yo? Yo me lleno con ello. Me lleno de sus emociones, me lleno de su agradecimiento, me lleno de su devoción, me jacto con su adulación y me emociono de pensar en su gran deuda. Por supuesto, dios no pide pagos; por lo tanto, la deuda será la gratitud eterna y eso significará que ...

Carta al amor de mi vida: 22 años no son suficientes

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  Caracas, 8 de febrero de 2013   Amor mío:   Recuerdo haberme preguntado: ¿qué es el amor?, imaginándolo como el humo… bailando sin dueño, existiendo y muriendo, dejando su olor en el aire aún habiéndose extinguido en él; tan efímero y sin forma, tan imposible de agarrar a pesar de sentir su roce entre las manos, apenas pudiendo ser reconocido cuando desde las entrañas susurra que todo puede ser posible. En ese entonces no comprendía que su concepto no tenía la menor relevancia: tú y yo nunca sabremos lo que es; aún así, siempre supimos que nuestras almas de una u otra forma estarán unidas hasta la eternidad… aún así, solo tú has sido capaz de llenarme más que cualquier otra cosa en este mundo y de hacerme inmensamente feliz. Alguna vez pensé que veintidós años era demasiado tiempo, que la rutina aburriría en algún momento o, simplemente, ya no habría más motivos para permanecer con la misma persona cada día. Pero ahora lo siento tan poco, tan miserable, me si...

Entre pestañas y deseos: un rito cargado de amor

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  Desde que era pequeña, mi madre me enseñó que cuando a alguien se le caía una pestaña cerca de otra persona, era el momento propicio para pedir un deseo. Esto se hace de una forma bastante extraña, pues ella me decía que debía poner la pestaña en el dedo pulgar y luego presionaba su pulgar contra el mío. En ese momento, debíamos cerrar los ojos y decir en nuestra mente nuestro deseo proveniente de lo más profundo del corazón. Entonces, al abrir los ojos, luego de confirmar que ambos deseos habían sido pedidos, era el momento de decidir a quién se le cumpliría. Esta parte dependía, básicamente, de qué tanto hubiésemos presionado nuestros dedos pulgares ya que, al separarlos, uno de ellos tendría la pestaña: el dedo ganador. Es así como la persona que ganara, debía colocarse la pestaña en el pecho, como guardándola ahí quizás por unas horas, quizás por un día entero… Ya después no se sabía lo que había pasado con ella. Años más tarde, en mi adultez, no perdí la costumbre de pedir u...