La arrogancia de jugar a ser un dios
¿Alguna vez has jugado a ser dios? Es un juego realmente emocionante. Bajo un falso altruismo, aparecemos para ayudar a otros y movemos los hilos. Consejos, dirección, cámara y acción… hay alguien bailando al son de nuestra música. Siempre he pensado que soy una persona bastante arrogante, porque he jugado demasiado al juego del dios. Dios en la vida de aquellas ovejas perdidas que necesitan de mi mano para encontrar su camino; dios sirviendo de intermediaria para que las cosas se concreten, para que las personas se entiendan, para que el desamparado encuentre algún lugar al que llegar. He jugado a ser dios tantas veces, enseñando y sacrificándome para que quien digo amar, logre todo lo que desea. ¿Y yo? Yo me lleno con ello. Me lleno de sus emociones, me lleno de su agradecimiento, me lleno de su devoción, me jacto con su adulación y me emociono de pensar en su gran deuda. Por supuesto, dios no pide pagos; por lo tanto, la deuda será la gratitud eterna y eso significará que ...